domingo 23 de agosto de 2009

Pertenencia.

Uno cree pertenecer a un lugar concreto, a un olor, a un recuerdo, a un palmo de tierra que modificara alguna vez el perfil de sus rodillas, a un estilo de vida, a un horizonte azul –o negro-, a una cultura determinada.

Esta relación-cadena mantiene partida en dos la mente del emigrante.

El que se va descubre que hay un lugar que lo acoge (aunque venda cara su acogida) y al que también siente pertenecer un día.

Pero en las idas y venidas, uno aprende que a ningún sitio pertenece, que allí donde estuvo hizo hogar y hogar hace allí donde ahora está.

Al final, uno sabe que sólo pertenece a su existencia.

miércoles 19 de agosto de 2009

II

es esta búsqueda
la que intriga a mi mente
y la sustenta

Rumores.

Rumores que una vez fueron ancestrales y después vistieron sus pañales desprovistos de orgullo y timidez, decorados con empeño y esperanza.

Cálidos estanques de argucias primeras, parques florecidos y llenos del grito de niños que juegan a crecer y pierden, en las esquinas del tiempo, su hálito de juventud y pereza.

Noches extenuantes, pieles secas que se recrean en el descubrimiento de los poros, en la pericia de una yema cálida que, veloz, recorre la fortuna de saber cuál es la meta correcta.

Hambre saciada con la certeza de prelados silencios, coronados minutos, humo que planea sobre nuestras cabezas cuando las palabras ya escuchadas son la compañía dulce del eco que, aquel día, nos abandonara a la suerte de sabernos viejos, amantes, nubes y escarcha.

martes 18 de agosto de 2009

Strauss.

Strauss en las venas,
que abrasan a morir.

No hay lágrimas esta tarde,
árida de tristeza.
Así habló -así habla-
Zarathustra,
con la cuerda, con el viento.

Strauss en los sesos,
que no abandonen la cabeza.

El demonio de mis entrañas
lleva mechero,
esperando a que la noche
borre el mundo;
todo lo entiende a fuego lento.

Strauss en el corazón,
devolviendo latido y reto.

Vacío.

Papel, palabras, pisadas, presente.

Placer, palancas, piras, proezas.

Paz, pez, pis, pus.

I

tu ausencia escribe
todos los grandes versos
de la tristeza

Antihéroe - Yoani Sánchez.

Generación Y es un blog de obligada lectura para todos aquellos que gusten de realidades bien descritas y excelentemente escritas.

Yoani Sánchez es una mujer cubana que, además, pretende ser un ser humano integrante de este mundo.

Dejo el enlace a uno de sus escritos. Invita, como es costumbre en ella, a la reflexión y la rabia.


Antihéroe


Gracias, Yoani.

Dietas contemporáneas.

En esto de las campañas electorales, se sabe desde hace tiempo, vale todo. Quizá por eso el presidente Hamid Karzai confía en su nueva y revolucionaria fórmula para conseguir el voto en las próximas elecciones, en aquel lugar desconocido y horrendo -a los ojos occidentales- llamado Afganistán.

Según una nueva ley, un marido afgano tiene permitido dejar morir de hambre a su mujer, si ésta rechaza tener sexo con él.

Me pregunto si estarán casadas las modelos afganas. Y, si no, ¿decidirán por fin casarse para que su dieta las lleve a mantener el tipo, aún cuando escondido tras docenas de metros de tela?

Lisístrata está obsoleta. Ya no se estila dejar a los maridos sin sexo, si estos deciden seguir empeñados en hacer la guerra. Ahora, la moda consiste en elegir entre ser rollizas hembras premiadas con sexo no consentido o anoréxicas muñecas hinchables de carne y hueso.

Todos.

Todos son la vida
y esta muerte desconocida
se desespera.

Historias andantes
dispuestas
en aliteración.

Metáfora onanista
enamorada
de su cadena.

lunes 17 de agosto de 2009

Dirty Money.

Dice el periódico que una investigación ha demostrado que nueve de cada diez billetes de dólar tienen restos de cocaína. Lo que la investigación no puede confirmar es si todos ellos se han utilizado para esnifar. Pasa que, tanto si se esnifa con ellos como si se paga la farlopa, a todos les queda la marca del preciado polvo blanco.

Me pregunto si alguien se atreverá a hacer, alguna vez, un estudio de cuántos billetes de dólar tienen restos de malversación. Y, si lo hacen, cuántos de ellos serán manchados por los que roban y cuántos por aquellos a los que les han robado.

Es más fácil descubrir cocaína en un billete que delito de robo.

De esos nueve de cada diez, ¿cuántos billetes robados servirán de túnel para que los ricos celebren, con cocaína, que sigamos siendo tan pobres?

Los cocainómanos de mi barrio, después de pagar el gramo, esnifan con pajitas. No todo el mundo tiene un billete a mano ni, mucho menos, un cilindro de plata y un tabique de platino.

Anónimo.

A mí, que no me conoce nadie,
no me mandan a tomar por culo
ni siquiera cuando suena,
en el bar,
la campana de "pide la última
y déjanos en paz".
Me deslizo entre los ceniceros
y las marcas de los vasos,
mirando un par de labios que sonríen
a otra persona,
casi tan ajena a mí
como yo en las mañanas de resaca.
No sé qué me tiene más jodido,
si saber que mi voz, deseosa de un aplauso
estilo "te entendemos",
no leerá mis versos al micrófono
o haber admitido hace mucho
la mudez de mi inexistencia.

Flores - David González.

También yo leí hace un montón de años el libro "Hiroshima" del que nos habla David González en su blog.
Los libros tienen eso: caen en manos de gente importante que hará de ellos algo bueno, el caso de David, y en manos de cualquiera, mi caso.

No le he pedido permiso a David para traerme sus versos a este blog, entre otras cosas, porque él respira y existe sin saber siquiera de mi existencia.

Gracias a él, "Hiroshima" ha vuelto a mi mente, para recordarme cosas que no deben ser olvidadas.


FLORES


En memoria de las víctimas de Hiroshima.


El 6 de agosto de 1945,
a las ocho y cuarto de la mañana,
hora japonesa,
un tremendo relámpago,
como una sábana de luz solar,
atravesó el cielo de Hiroshima
en sentido este – oeste,
desde la ciudad hacia las colinas.

No se escuchó ninguna explosión.

Luego, el crepúsculo.

¿Por qué es ya de noche?

¿Dónde están los demás?

Mi marido está en esas cenizas.

De los 150 médicos de Hiroshima,
75 habían muerto.

De las 1780 enfermeras de Hiroshima,
1650 habían muerto.

De los 245000 habitantes de Hiroshima,
100000 habían muerto.

Sobre la piel de los cuerpos
de algunas mujeres, las formas
de las flores
estampadas en sus quimonos.

Ayer, dijo un superviviente, mis zapatos
eran mi posesión más valiosa. Hoy
no me importan. Con un par tengo bastante.

Lo sé, dijo otro. Yo empecé a traer conmigo
mis libros, y luego pensé:

No hay tiempo para libros.


David González (con John Hersey). Poema inédito.

Lunes.

Todos los días son lunes para los que no tenemos otra aspiración que evitar morir a causa de la plaga del asco.

No quieras que te explique.

Si tuviera tiempo, acabaría los mil libros que empecé, pero el tiempo me abandonó al leer las dos primeras páginas de cada uno de ellos. Fueran sangre, cal o averno; todos se dieron de bruces con lugares comunes. Espacios trillados, tópicos manoseados, repeticiones de lo mismo.

Hoy no quiero escribir. No sé qué día es, qué hora es, qué toca decir.

Esa risa que escucho y no me pertenece. Esa felicidad inducida que me es ajena. Esa sociedad que me niego. El humo de un cigarrillo que me engaña, mientras me consume. Todo ese rastro de vida que transmiten otras voces, mientras yo grito silencio incomprensible, para que los sordos permanezcan mudos y los ciegos, insensibles.

Si me vieras hoy, que no existo, hasta tú vendrías a acariciar mi pelo sucio y mis pies dormidos. El cielo engaña a tantas existencias que, mi lado perro lame, avergonzado, el costado derribado de un ladrido.

Alimenta con pan a los piojos del Olimpo, porque ni ellos entienden que somos muertos, terriblemente heridos por la condena de creer, cada día, que estamos vivos.

domingo 16 de agosto de 2009

Miserable.

Miserable,
el que de tus miserias hace riqueza
y de tu destreza se burla.
Paupérrima
su mente desgraciada
tan llena de nada, vacía y plebeya.
Hijo de puta
el que tu tiempo te arranca
y se jacta de vencedor de disputas.
Desgraciada
su desalmada existencia medida
por el dinero que pierde y que gana.
Ceniceros,
de su cabeza y sus manos,
habrían de hacerse por utilizarlos.
Ahogada
en prejuicios, culpas e impotencias,
yacerá su invalidada conciencia.
Que la muerte
vendrá a verle cuando crea
haber vencido a los que atormenta.

Me robaron.

Me robaron la oportunidad,
el descubrir y el misterio,
el camino de las rosas,
el cálido abrazo, el te quiero.

Me robaron sin pensar
cuán desnudo es el silencio,
así dejaron mi alma,
desnuda y ciega de tiempo.

Hedor.

Hiede tu miedo a la vida.
Bebe el somnífero
antes de rozar el suelo.

Que te atrape soñando
pero no dormido.
Que te haga trizas
pero sin dolor.
Que vivir parezca
estar muerto.
Que morir ennoblezca
tu pavor.

Boca terca gritando
tu sinrazón.

¿Y qué?

Y qué si la vida

es secreto

que no quiere

revelarse

aunque se rebele.

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